A mi querido “A”

Querido “A”, hoy recibí un mensaje donde pedías verme y usaste la palabra: desesperación; eso me extrañó un poco, pues creí que estabas con pareja y que, evidentemente, no tendría lugar buscarnos. Comencé a preguntarme ¿cómo es que seguimos en esto? y he recordado aquellas peleas donde me culpabas unas mil veces, y yo, otras tres mil más. No pude evitar cerrar los ojos y recordarnos en aquella habitación hace ya varios años. Yo estaba tan nerviosa de no parecer anticuada por mi torpe y escasa experiencia que continuamente decía que “sólo sería esa vez”.
Fue toda una sorpresa que en cada encuentro que organizabas y planificabas confesaras que te habías vuelto un adicto. ¿Y cómo no serlo? Si en cada encuentro, impacientes, nos entregábamos de una manera avasallante, rasgando nuestras camisas, nuestros alientos,así, batiéndonos entre la vida y la muerte tras cada vaivén. Por eso, al estar conmigo, tiras tus doctrinas al viento, te olvidas de los gustos, de los hábitos y te concentras en mí, como si yo fuese tu mujer. Debo admitir que en verdad tuve suerte, ya que hacías el amor como si eso fuese tu única profesión en la vida. Sólo el amor.
Una vez exhausta, te abrazo, como si fuese tu madre y no puedes esperar a contarme tus aventuras, tus temores, tus vacíos, tus sueños, mientras yaces acostado en mi pecho preguntando ¿qué te parece?. Por eso te amamanto con mi palabras, con mis besos, con mi risa, diciéndote que todo está bien.
No entendí al principio aquellas atenciones extrañas por tu parte. Las invitaciones al restaurante, los vinos a media noche, las comedias que armábamos cuando decíamos a coro: “ésta es la última vez”. Y yo me preguntaba.. te preguntaba… ¿por qué haces esto? sólo somos amantes, no hace falta. Quebraste la voz, recuerdo, apretaste los puños y me miraste con rabia porque no podías no darme la razón.
Fue la primera vez que te vi furioso, estábamos en tu restaurante favorito y disimulaste un gentíl “vamonos”,y al salir, tragaste aire miraste al cielo nocturno y me gritaste: ¡¡Puta!!. Nos quedamos viendo el uno al otro en medio de la calle, por un lapso de un eterno minuto. Creí que sería ése el final, pero me equivoqué, porque cuando me di media vuelta para tomar un taxi e irme, viniste a mi y me besaste apasionado pidiendo disculpas. Desde entonces mas nunca comimos juntos, ni tampoco salimos.
Entonces ¿Cómo dejarte? ¿Cómo dejarme? Tus parejas pasan, las mías pasan, el tiempo pasa y nosotros seguimos allí, pegados a ese instante como las moscas, dentro de aquella habitación con olor a cuerpo. Y sí, ahí estamos, tu entre mis brazos rogando a una madre y yo entre los tuyos añorando a un amor. Así estamos.
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