Arny, mi amante casanova.

“Sé que no puedo fiarme de ti, eres lo más parecido a una droga”

 

Nunca entenderé el vacío que comprende el corazón de algunos hombres cuando se lanzan a la vida sin otro objetivo que el de embestir. Y es que muchas embestidas dejan marcas en los cuernos de sus toros; no toda batalla podría librarse fácil. Después de todo ¿qué sería del sexo sin una buena historia que contar?

Arny, mi primera aventura, jamás consideraría que los tras-cama llevasen alguna connotación adicional. Para él, existe la conquista, el acto (ya no vale el convencimiento) y como diría Zygmunt Baumant “una vez consumado el deseo los desechos repelen”. De esto no hay que asombrarse, existen hombres así, aunque para nuestra suerte, no todos lo son.  Pero para Arny, valdría igual hacerlo en el pajal de un bosque abierto o en la parte trasera de su carro. Daba completamente igual. El asunto es cuando se complica, y cuando me dijo aquella noche en un bar su proposición, no dudé en sorprenderme en lo directo que pueden ser este tipo de hombres:

.- Quiero dejar en claro que no es mi intención que la pases mal, si vamos a hacerlo, quiero que disfrutes mucho. Somos amigos y me temo que no podré ofrecerte nada más. ¿Estás clara con esto?

.- Sí, no te preocupes. Gracias por tu charla introductiva. Ha sido de mucha ayuda.

.- (Él se sorprende un poco un poco por mi respuesta)

 

            Una vez en el hotel, él estaba más nervioso que yo. Trato de imaginar ¿por qué? Si ya antes había llevado a mujeres incluso más hermosas y dulces (dudo de las conexiones neuronales de cada una). Sus manos temblaban al intentar pasar la tarjeta de la habitación, también temblaban al pedir el vino, y temblaron avasallantemente cuando llegó la hora de desvestirme. Me besa demostrándome una profunda innecesidad de querer hacerlo.

.- No puedo.

Sin embargo, bastó con colocar su mano en mi intimidad, para sentir una primera conexión. La llamaremos “morbo”

            El me mira fijamente sin decir palabra alguna y sus ojos azules penetrantes me invaden. Yo me le acerco, desafiante, para que me toque. El no deja de mirarme mientras va desabotonando mis jeans, de modo que sube con sus manos a mi cintura, se posa bajo el sujetador y frota mis senos aun cubiertos. Abre un poco los labios; entre cierra los ojos y vuelve a abrirlos para seguir mirándome. Me acaricia en círculos, yo  comienzo a humedecerme, a sonrojarme, a sentir cómo con sus nudillos succionaba mis pezones erectos y nos invadió un gran arrebatamiento. Por mi lado, me provocó acercarme desesperadamente e introducir ambas manos por debajo de sus jeans desabotonados. Finalmente apretujados decide besarme con pasión. Surge el forcejeo, violento; a morir. Desde vernos desnudos parados en la cama porque no encontrábamos cómo demostrarnos el morbo que nos teníamos. Él no se decidía dónde acabarme y yo no me decidía si hacerle sexo oral esa misma noche. Les dejo libre imaginación para el desenlace. Sólo sé que terminé en su pecho mirando hacia arriba mientras él me acariciaba un pezón, con la intención de no soltarlo jamás.

.- Jamás había hecho esto así. Creí que casi no tenías experiencia.

.- Pues no la tengo. Me la estás mostrando.

.- Me encantó lo que hiciste con tu boca en mi pecho… yo… nunca había experimentado un placer así. ¿Crees que podríamos vernos seguido?

.- Me temo que no. Sólo era una vez.

.- ¿Qué? ¡Una vez! ¿Estás loca? Yo te quiero para mí unas cuántas veces más.

.- Creí que habíamos llegado a un acuerdo.

.- Vamos a ver si no vuelves a buscarme.

 

 

 

 

 

 

 

 

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