Soy madre soltera, no mujer fácil.

 

¿Qué pasaría si saliese por aquella puerta? ¿Qué pasaría si pudiese desnudarme de todo aquello que me encierra? El encierro dentro de nosotras mismas es una forma lenta de ir muriendo y aceptando dócilmente las cosas que nos vienen ocurriendo.

Nunca olvidaré el día en que “mi entonces marido” pidió el divorcio, recuerdo que me senté en una silla y no dije una sola palabra. Me quedé mirando fijamente la pared, porque no sabía dónde podría refugiarme de aquél momento. Tenía sólo 30 años y teníamos dos hijos.

Era doloroso tener que reinsertarme al trabajo al día siguiente sabiéndome “divorciada”. Esa palabra sonaba en mi mente como el final triste de cualquier otra persona, pero no para mí. Era pensar en las explicaciones que había que preparar para los amigos y familiares, era dividir bienes que habíamos logrado mancomunadamente, era discutir las visitas y el compartir con los niños, era una separación brutal de todo aquello que consideraba mi mundo.

Entonces recuerdo cuando le conocí y toda esa época llena de impulsividades, de arrebatos. Nunca había visto tanto nerviosismo y alegría como el que tenía José cuando me pidió matrimonio en el café cercano a nuestra universidad. Lloramos juntos mientras soñábamos en el futuro y en todo aquello que pueden pensar dos jóvenes profundamente enamorados.

En mi trabajo posiblemente me den las convenientes palmadas en la espalda, y todo ese rito grupal que realizan las mujeres cuando una de sus integrantes está pasando por una dura situación sentimental.  No sé si podré tolerar tanta lástima.

También pienso en cómo decírselo a mi madre, ya que siempre consideró que me había casado muy joven. ¿Cómo no darle la razón ahora? ¿Cómo no irme de bruces ante los muchos consejos que pasé por alto?

Peor aún será imaginarme el rostro de Ignacio y Javier esperando a su padre para el desayuno o la cena. No sabré explicarles que ya no podrán verlo seguido, no podrán entender que ya no nos reiremos viendo los programas de televisión juntos. Que ahora deberán disfrutarnos por separado.

Y de mí, pues, temo no poder rehacer mi vida sentimental llegado el momento. Socialmente ser divorciada es un estigma que muy pocas saben manejar, que muchos no saben entender. Creen que es sinónimo de fracaso y por tanto asumen que nos hacen un favor si logran acercarse a nosotras con intenciones sexuales, como si el hecho de venir cargada con maletas extras en nuestro viaje nos hace menos merecedoras de recibir amor.

No quiero verme a mí misma como mendiga, victimizada de mis circunstancias, suplicando que no rechacen a mis hijos, que no me rechacen por el hecho de tener una responsabilidad a cuestas. Porque es una realidad, las mujeres divorciadas y con hijos se les enjuicia y se les acecha como si fuésemos la peor estirpe de nuestro género. Por esto no quiero sentirme avergonzada de mi situación ni tampoco de mis expectativas. Porque las tengo y siempre las tendré.  Si puedo gustarle a un hombre y quiere conocerme sin que las condiciones afecten y tome una sugestionada posición conmigo. Adelante. Pero eso sólo será un final tentativo dentro de esta historia, como todo, porque también pienso en José, quien llevará más ventaja.

De alguna forma machista, José llevará más ventaja. Porque un hombre divorciado parece ser un regalo de los dioses, un eslabón perdido, una mascota adoptable dentro del universo femenino. Así que también pienso en ello, el hará su vida como es natural y ya no tendrá lugar preguntarle si aún recuerda el café donde me pidió matrimonio. Eso me ha hecho pensar que entonces tengo el derecho de usar una minifalda y volver al rodeo ¿por qué no? ¿Qué acaso las madres solteran no sienten? ¿Por qué no podría ilusionarme y sentirme deseada? ¿Dónde está escrito que mi vida ha acabado?  A veces la masturbación también desgasta y no por ello deben de catalogarme como una mujer fácil, porque no lo soy.  Es cierto que la situación nos hace vulnerables a acceder por conformismo, pero invito a que no sea así.

 

No tenemos que acostumbrarnos a aceptar tener sexo para finalmente sentir a un hombre en nuestras vidas. 

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3 comentarios sobre “Soy madre soltera, no mujer fácil.

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  1. Todo tiene un fin…. Y buscar culpables no soluciona nada, hay que seguir adelante, con trabajo y esfuerzo, aún cuando las lágrimas nublen tus ojos con recuerdos de momentos que no volverán…

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  2. Muchas gracias en responder.
    Por lo general hay mucho de este sufrimiento en incontables mujeres. Me gustaría que esta situación pueda cambiar en algun momento, y no sólo por nuestra parte sino también la otra contraparte.

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